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Cuando una pérdida cambia el mundo que conocías

Una pérdida importante no produce solamente tristeza. Puede cambiar durante un tiempo la forma en que percibes el mundo, tu relación con otras personas e incluso la sensación de quién eres.

A veces el dolor es intenso y evidente. Otras veces aparece de maneras más difíciles de reconocer: cansancio, irritabilidad, culpa, dificultad para concentrarse, necesidad de aislarse, miedo al futuro o una extraña sensación de irrealidad mientras la vida de los demás parece continuar con normalidad.

También puede haber días razonablemente buenos y, de pronto, una canción, un lugar, una fecha o un recuerdo devuelve el dolor con una intensidad inesperada.

Nada de esto significa necesariamente que estés haciendo mal el duelo.

El duelo no es una enfermedad que haya que eliminar. Es la respuesta humana ante una pérdida que importa.

Pero hay momentos en los que el dolor empieza a bloquear la vida, se vuelve demasiado difícil de sostener o la persona siente que ha quedado atrapada en algún lugar del proceso.

Entonces la psicoterapia puede ayudar, no para olvidar lo perdido ni para acelerar artificialmente el duelo, sino para atravesarlo sin que la pérdida termine llevándose también partes de la vida que todavía permanecen.

Persona caminando por un bosque en otoño

El duelo no avanza en línea recta

Durante mucho tiempo se ha popularizado la idea de que el duelo atraviesa una serie de etapas que deberían sucederse de manera más o menos ordenada. La experiencia real suele ser bastante más compleja.

Puedes sentir aceptación por la mañana y rabia por la tarde. Estar tranquilo durante varios días y volver a llorar inesperadamente. Necesitar hablar de la persona perdida y, unas horas después, no querer escuchar su nombre.

Avanzar no significa sentir cada día un poco menos.

El duelo se parece más a un proceso de reorganización. Tu vida estaba construida contando con alguien, con una relación, con un proyecto o con una determinada realidad. Cuando eso desaparece, una parte de tu mundo necesita aprender progresivamente a funcionar de otra manera.

Por eso no trabajo intentando llevar a una persona hacia una supuesta «fase siguiente». Me interesa comprender qué necesita poder ocurrir ahora.

A veces será expresar algo que lleva demasiado tiempo contenido. Otras, descansar de pensar constantemente en la pérdida. Puede ser afrontar una culpa, recuperar actividades abandonadas, tolerar momentos de bienestar sin sentir que constituyen una traición o empezar a imaginar un futuro que ya no puede ser exactamente como estaba previsto.

Un duelo puede estar avanzando incluso en días en los que vuelve a doler mucho.

La cuestión no es obligarte a dejar atrás lo perdido. Es conseguir que, poco a poco, puedas llevar contigo lo que merece permanecer sin tener que vivir permanentemente dentro del momento en que lo perdiste.

Cuando el dolor se queda atrapado

No existe un calendario universal para el duelo. Algunas pérdidas necesitan mucho tiempo y seguir echando de menos a alguien años después no significa que exista un problema.

Lo que merece atención no es simplemente cuánto tiempo ha pasado, sino qué está ocurriendo con tu vida mientras pasa el tiempo.

A veces la persona queda atrapada intentando comprender una muerte inesperada, reconstruyendo una y otra vez lo ocurrido o imaginando qué habría pasado si hubiera actuado de otra manera. Puede aparecer una culpa persistente por lo que se hizo, por lo que no se hizo, por las últimas palabras o incluso por haber sobrevivido.

En otros casos, avanzar produce culpa. Reír, disfrutar, enamorarse, hacer planes o volver a sentirse bien puede vivirse como si significara olvidar a quien murió o disminuir la importancia de lo perdido.

También puede ocurrir lo contrario: evitar cualquier recuerdo, lugar o conversación que pueda despertar el dolor hasta que la propia vida empieza a hacerse cada vez más pequeña.

El problema no es seguir queriendo ni seguir recordando. El problema aparece cuando para conservar el vínculo parece necesario conservar también el sufrimiento.

En esos momentos la terapia puede ayudar a separar cosas que el dolor ha unido: recordar de sufrir, amar de castigarse, continuar de traicionar.

No buscamos borrar el vínculo. Buscamos que pueda cambiar de forma para que lo perdido conserve su lugar sin exigir que toda tu vida permanezca detenida a su alrededor.

No todas las pérdidas necesitan lo mismo

Cuando hablamos de duelo solemos pensar en la muerte de una persona querida, pero incluso dentro de esa experiencia existen diferencias enormes.

No es lo mismo una muerte esperada después de una enfermedad que una pérdida repentina. No es igual despedirse que no haber podido hacerlo. Hay duelos atravesados por conflictos anteriores, asuntos pendientes, culpa, circunstancias traumáticas o relaciones especialmente profundas y complejas.

Y existen también otras pérdidas capaces de alterar profundamente una vida: una separación, la pérdida de la salud, un proyecto que ya no podrá realizarse, un trabajo que formaba parte de la propia identidad, una etapa vital que termina o una realidad que imaginábamos para nuestro futuro y que deja de ser posible.

Por eso no parto de la idea de que exista una manera estándar de «trabajar el duelo».

Necesitamos comprender qué se ha perdido realmente para esa persona.

Porque a veces no se pierde solamente a alguien. Se pierde también una rutina, una forma de sentirse acompañado, una posición dentro de una familia, una fuente de seguridad, una parte de la identidad o el futuro que se imaginaba junto a esa persona.

Saber qué ha quedado afectado permite intervenir con mucha más precisión.

No se trata de aplicar técnicas al duelo. Se trata de descubrir qué necesita reconstruirse para que la vida pueda volver a organizarse alrededor de lo que todavía existe.

 

Recuperarse no significa olvidar

Muchas personas temen que encontrarse mejor signifique empezar a olvidar.

Ese temor puede ser especialmente intenso cuando la relación perdida fue muy importante. Mientras el dolor permanece, parece mantener vivo algo del vínculo. Si el dolor disminuye, puede aparecer la sensación de que también se está alejando la persona, la historia compartida o incluso el amor.

Pero sufrimiento y vínculo no son la misma cosa.

Con el tiempo puede ocurrir una transformación importante: recordar sin quedar destruido por el recuerdo, hablar de quien ya no está sin que toda la experiencia quede absorbida por su ausencia, conservar determinadas costumbres, valores o enseñanzas y permitir que lo vivido siga formando parte de quien eres.

La memoria no necesita permanecer dolorosa para permanecer viva.

En ocasiones, una parte del proceso terapéutico consiste precisamente en ayudar a encontrar una nueva manera de relacionarse con lo perdido. Una forma que permita conservar significado, afecto y memoria sin exigir que el presente quede permanentemente subordinado al pasado.

Y entonces puede aparecer algo que al principio parecía imposible: volver a disfrutar sin culpa, construir nuevos vínculos, hacer proyectos y experimentar momentos de verdadera alegría sin que nada de ello disminuya la importancia de quien estuvo.

Continuar viviendo no borra el amor. Puede convertirse en una de las formas de honrarlo.

¿Cuándo puede ayudar la psicoterapia en un duelo?

No todo duelo necesita terapia. El dolor, incluso cuando es muy intenso, forma parte de una respuesta humana normal ante una pérdida importante.

Puede ser útil pedir ayuda cuando sientes que el sufrimiento resulta demasiado difícil de sostener; cuando la culpa, la rabia o las preguntas sobre lo ocurrido ocupan gran parte de tu vida; cuando evitas sistemáticamente cualquier cosa que recuerde la pérdida; cuando has quedado atrapado en el momento de la muerte o cuando, pasado el tiempo, resulta muy difícil recuperar alguna forma de interés, vínculo o dirección.

También puede tener sentido simplemente porque no quieres atravesar solo un momento especialmente difícil.

Pedir ayuda no significa convertir el duelo en una enfermedad ni reconocer que eres incapaz de afrontarlo.

Una buena terapia debería ofrecer un lugar en el que puedas acercarte al dolor sin quedar desbordado por él, comprender qué está dificultando el proceso y encontrar progresivamente una manera propia de continuar.

Algunas veces habrá mucho que trabajar. Otras, unas pocas intervenciones en el lugar adecuado pueden desbloquear algo que llevaba demasiado tiempo detenido.

La pregunta no es «¿debería haber superado esto ya?».

Una pregunta mucho más útil puede ser:

«¿Hay algo en este duelo que necesito poder atravesar de otra manera?»

Psicoterapia online para el duelo y la pérdida

Trabajo exclusivamente online y llevo más de treinta años ejerciendo como psicólogo.

Cuando acompaño a una persona en duelo, no parto de un calendario que indique cómo debería sentirse ni intento acelerar un proceso que necesita su propio tiempo.

Primero necesitamos comprender cómo es ese duelo concreto: qué se ha perdido, cómo ocurrió, qué vínculo existía, qué ha quedado pendiente y qué aspectos de la vida están encontrando más dificultades para reorganizarse.

A partir de ahí, el trabajo puede tomar formas diferentes. En ocasiones será necesario acercarse cuidadosamente a recuerdos especialmente dolorosos. En otras, trabajar la culpa, la rabia, el miedo, la sensación de vacío o las imágenes que quedaron asociadas a la pérdida. También puede ser importante recuperar descanso, seguridad, relaciones, actividades o pequeñas zonas de vida que fueron desapareciendo alrededor del dolor.

Utilizo diferentes herramientas psicológicas según la persona y el momento del proceso. No me interesa hacerte pasar por experiencias dolorosas simplemente porque formen parte de una técnica.

El objetivo no es conseguir que la pérdida deje de importarte.

Es que puedas atravesar aquello que todavía necesita ser atravesado, conservar lo que merece permanecer y recuperar progresivamente la capacidad de vivir una vida que vuelva a sentirse tuya.

Porque llega un momento en que el duelo ya no consiste solamente en aprender a vivir con una ausencia.

Consiste también en permitir que vuelva a crecer vida alrededor de ella.

Dar el primer paso

Si estás atravesando una pérdida y sientes que necesitas ayuda, no hace falta que sepas exactamente qué te ocurre ni en qué momento del duelo te encuentras.

Tampoco necesitas estar preparado para hablar de todo desde la primera sesión.

Podemos empezar por comprender dónde estás ahora, qué está resultando más difícil y qué necesitas para poder atravesar este momento sin violentar tu propio ritmo.

No podemos cambiar lo que ocurrió. Pero sí podemos trabajar para que el dolor encuentre un lugar en tu vida que no tenga que ocuparla por completo.