p { margin-bottom: 1.2em; line-height: 1.8em; }

Hipnosis sin perder el control

Muchas personas sienten curiosidad por la hipnosis y, al mismo tiempo, cierta desconfianza.

¿Voy a perder el control? ¿Pueden hacerme decir o hacer cosas que no quiero? ¿Me quedaré dormido? ¿Y si no consigo entrar en hipnosis? ¿Y si después no recuerdo lo ocurrido?

Buena parte de estos temores procede de la hipnosis de espectáculo, del cine y de una imagen bastante alejada de cómo puede utilizarse dentro de un contexto psicológico.

En hipnosis clínica no necesitas entregar el control al terapeuta.

Habitualmente sabes dónde estás, escuchas lo que se dice y puedes aceptar, rechazar o modificar cualquier sugerencia. No se trata de anular la voluntad, sino de utilizar de una manera diferente capacidades que ya posee la mente: atención, imaginación, expectativa, percepción, aprendizaje y respuesta corporal.

Tampoco necesitas demostrar que eres especialmente «hipnotizable» ni conseguir un estado extraordinario.

La pregunta que me interesa no es «¿hasta qué profundidad has entrado?», sino otra mucho más útil:

«¿Podemos utilizar este estado para facilitar un cambio que despierto te está resultando difícil conseguir?»

Ahí empieza, para mí, el verdadero interés clínico de la hipnosis.

Hombre sentado con los ojos cerrados en un ambiente tranquilo

La hipnosis no es el tratamiento: es una herramienta

A veces se habla de la hipnosis como si fuera un tratamiento en sí mismo: «hipnosis para la ansiedad», «hipnosis para dormir», «hipnosis para adelgazar» o «hipnosis para superar un trauma».

Esa manera de plantearla puede resultar engañosa.

La hipnosis no sustituye a una buena comprensión del problema. Puede ayudarnos a intervenir mejor sobre determinados mecanismos que lo mantienen.

Dos personas con el mismo síntoma pueden necesitar trabajos completamente diferentes. En una puede ser importante reducir una respuesta automática de alarma. En otra, modificar una asociación aprendida, trabajar una experiencia emocional, facilitar una respuesta corporal diferente o ensayar internamente una forma nueva de afrontar determinada situación.

Por eso no comienzo preguntándome «qué hipnosis corresponde a este problema».

Primero intento comprender qué necesita cambiar en esta persona concreta. Después valoro si la hipnosis puede facilitar ese cambio y de qué manera utilizarla.

En ocasiones tendrá un papel importante dentro del proceso. En otras será solamente una herramienta puntual. Y habrá situaciones en las que no resulte necesaria.

No utilizo hipnosis porque una persona venga buscando hipnosis. La utilizo cuando considero que puede aportar algo que merece la pena.

La técnica está al servicio del proceso, no el proceso al servicio de la técnica.

¿Qué se siente durante la hipnosis?

No existe una única sensación que demuestre que una persona está hipnotizada.

Algunas personas experimentan una relajación profunda. Otras permanecen mentalmente muy despiertas. Puede cambiar la percepción del tiempo, aumentar la absorción en determinadas imágenes o sensaciones, aparecer una agradable sensación de distancia respecto a las preocupaciones habituales o simplemente resultar más fácil mantener la atención en la experiencia que estamos trabajando.

También es frecuente pensar al principio: «Sigo oyéndolo todo, así que quizá no estoy hipnotizado».

Seguir consciente de lo que ocurre no significa que la hipnosis no esté funcionando.

No necesito que desaparezca tu capacidad de pensar ni que entres en una especie de sueño. De hecho, prefiero que puedas permanecer suficientemente presente para aprovechar lo que está ocurriendo.

Con la experiencia, muchas personas aprenden además a entrar en ese estado con mayor facilidad. Lo que inicialmente requiere más tiempo puede hacerse progresivamente familiar, natural y aprovechable.

Pero tampoco persigo una experiencia espectacular. Una sesión puede resultar muy profunda y agradable y, sin embargo, lo verdaderamente importante ocurre después.

La medida de una buena sesión no es lo extraordinario que hayas sentido tumbado, sino qué empieza a resultar diferente cuando vuelves a tu vida.

¿Cuándo puede ser útil la hipnosis clínica?

La hipnosis puede resultar útil cuando el problema no depende solamente de comprender racionalmente lo que ocurre.

Hay personas que saben perfectamente que una situación no es peligrosa y, sin embargo, su cuerpo sigue reaccionando como si lo fuera. Otras comprenden de dónde procede determinado patrón, pero continúan repitiéndolo. A veces sabemos cómo nos gustaría responder y, aun así, en el momento decisivo aparece automáticamente la respuesta de siempre.

En situaciones así puede existir una distancia importante entre lo que sabemos conscientemente y lo que nuestro sistema ha aprendido a hacer.

La hipnosis puede ofrecernos una vía adicional para trabajar sobre respuestas automáticas, asociaciones, emociones, sensaciones corporales, expectativas, imágenes internas o formas habituales de reaccionar.

Por eso puede integrarse en el tratamiento de problemas muy diferentes. Pero su utilidad no depende simplemente del nombre del problema.

Dos personas con ansiedad, por ejemplo, pueden beneficiarse de trabajos hipnóticos completamente distintos, y una tercera quizá no necesite hipnosis en absoluto.

No utilizo la hipnosis para tratar etiquetas. La utilizo para facilitar cambios concretos cuando existe una buena razón clínica para hacerlo.

Esa diferencia permite aprovechar su potencia sin convertirla en una promesa exagerada ni esperar de ella algo que ninguna técnica puede garantizar.

¿Y si no consigo entrar en hipnosis?

No todas las personas responden de la misma manera ni necesitan llegar al mismo tipo de experiencia.

Algunas entran con facilidad en estados de gran absorción desde la primera sesión. Otras necesitan más tiempo para familiarizarse con la experiencia, confiar en ella o descubrir qué forma de inducción les resulta más natural.

Esto no es un examen que puedas aprobar o suspender.

Mi trabajo no consiste en comprobar si eres capaz de adaptarte a una técnica, sino en adaptar la técnica suficientemente bien a ti.

La forma de dirigir la atención, utilizar la respiración, trabajar con sensaciones, imágenes, palabras o experiencias corporales puede variar considerablemente de una persona a otra.

Además, la capacidad para aprovechar estos estados puede entrenarse. La experiencia previa permite reconocer antes determinadas sensaciones, dejar de comprobar continuamente «si está funcionando» y utilizar progresivamente el estado con mayor naturalidad.

Y si una determinada forma de trabajar no produce una respuesta útil, no tiene sentido insistir indefinidamente para demostrar que debería funcionar.

La hipnosis es una posibilidad terapéutica, no una obligación.

Lo importante no es conseguir hipnotizarte. Lo importante es encontrar la mejor manera disponible de facilitar el cambio que estamos buscando.

¿Funciona la hipnosis online?

Una duda frecuente es si la hipnosis necesita realizarse físicamente en la consulta.

En realidad, el estado hipnótico no depende de que terapeuta y paciente estén en la misma habitación. La voz, la atención, la imaginación, las sensaciones y las respuestas que utilizamos durante el trabajo pertenecen a la propia persona.

El terapeuta guía la experiencia; no produce desde fuera un estado que el paciente recibe pasivamente.

El formato online permite además realizar la sesión en un entorno conocido, cómodo y privado. Para algunas personas, estar en su propio espacio facilita incluso dejar de prestar atención al entorno y concentrarse en la experiencia.

Naturalmente, antes de utilizar hipnosis conviene asegurarnos de que existen unas condiciones adecuadas: un lugar tranquilo, privacidad suficiente, una conexión estable y la posibilidad de permanecer sin interrupciones durante la sesión.

A partir de ahí, el criterio es el mismo que utilizaría presencialmente: valorar qué queremos conseguir, cómo responde esa persona y si la intervención está produciendo cambios útiles.

La distancia física no es la variable decisiva. Lo decisivo es la calidad del trabajo que podemos realizar juntos y lo que ese trabajo consigue trasladar después a tu vida cotidiana.

Cómo trabajo con hipnosis clínica

Llevo más de treinta años ejerciendo como psicólogo y utilizo la hipnosis como una herramienta integrada dentro del trabajo psicoterapéutico.

Antes de una intervención necesito comprender qué queremos modificar y para qué. A partir de ahí diseño el trabajo en función de la persona, su forma de responder y el momento del proceso en el que se encuentra.

Una sesión puede utilizar atención, respiración, sensaciones corporales, imaginación, recuerdos, expectativas o sugerencias dirigidas a facilitar determinadas respuestas. Pero no sigo un guion idéntico para todo el mundo.

La hipnosis que utilizo no consiste en leer un texto mientras tú intentas relajarte.

Observo cómo respondes, ajusto la forma de acompañarte y utilizo lo que va ocurriendo para facilitar el objetivo que hemos establecido. Además, una persona con experiencia previa no necesita necesariamente trabajar de la misma manera que alguien que utiliza hipnosis por primera vez.

Tampoco considero terminada la intervención cuando termina el estado hipnótico. Me interesa comprobar qué permanece después: si una respuesta aparece con mayor facilidad, si algo que antes exigía esfuerzo empieza a resultar más natural o si el cambio se traslada realmente a situaciones cotidianas.

La experiencia durante la sesión importa. Pero su verdadero valor clínico se demuestra fuera de ella.

Ese es el criterio con el que decido si merece la pena continuar utilizando hipnosis, modificar el trabajo o emplear otra herramienta.

Dar el primer paso

Si estás pensando en probar la hipnosis clínica, no necesitas saber de antemano si eres una persona «hipnotizable» ni decidir que ésta tiene que ser necesariamente la técnica adecuada para ti.

Podemos empezar por comprender qué quieres cambiar, qué has intentado hasta ahora y dónde parece encontrarse la dificultad.

A partir de ahí valoraremos si la hipnosis puede aportar una ventaja real dentro del proceso y, si la utilizamos, qué forma de trabajo puede adaptarse mejor a ti.

No se trata de creer en la hipnosis. Se trata de comprobar si puede ayudarnos a producir un cambio útil.